Conforme
avanzan los días nos acercamos a uno de los eventos mundiales más importantes y
más trascendentales para el mundo entero. Cada cuatro años los ojos del mundo
apuntan hacia un solo lugar y están al pendiente de cada suceso. No me refiero
a los Juegos Olímpicos ni a mi querido y esperado Mundial de Football, me
refiero a un hecho que desata en mí otro tipo de pasiones que van más allá de
lo deportivo, podría decir que saca mis pasiones profesionales: las elecciones
presidenciales en Estados Unidos.
Si hoy se
llevaran a cabo dichas elecciones tendríamos una lucha de poder a poder entre la
Sra. Hillary Clinton y nuestro querido Mister Donald Trump. Dos personajes
abismalmente diferentes, contrarios en casi todos los sentidos del espectro
político y ambos con una gran sed de poder.
Lo que veríamos
sería una contienda entre dos Estados Unidos. Por un lado estarían las huestes
más radicales, iletradas, pobres y ultraderechistas (aunque no todos cumplen
con todas las características necesariamente) lidereadas por D.T. y por el otro
un ejército de personas liberales, moderadas, pro sistema de clase media, media
alta y alta comandados por Doña Hillary.
(Cabe decir que
en la teoría política más ortodoxa un partido de derecha es un partido que está
a favor de la manutención del status quo mientras que un partido de centro o de
izquierda está a favor del cambio. En el escenario que vemos los papeles
parecen invertidos, los conservadores republicanos están jugando el papel del
partido antisistema mientras que los liberales demócratas están jugando a
mantener el poder y a que no haya cambios. Generalmente las clases bajas son
las que están en contra del conservadurismo aunque ahora apoyan a los
conservadores y las clases altas apoyan a los conservadores para no perder
privilegios aunque hoy apoyen a los liberales. En fin, esa es la magia del
bipartidismo, los partidos pueden estar de cualquier lado)
Trump ha basado
su campaña en el coraje, en el enojo, en el medio y la amenaza. Se ha encargado
de contagiar ese enojo a una buena parte de los norteamericanos. Viendo enemigos
por todos lados, ya sea en los migrantes, en los países árabes, en Asia, es que
también ha contagiado miedo a cierta parte de la población. Es hasta cierto
punto un tipo carismático que llama la atención (me recuerda un poco a Vicente
Fox, dicharachero, entrón, sin miedo, que no juega bajo las reglas, sino que
parece crear las propias, o por lo menos eso nos hizo pensar) y que está
diciendo lo que muchos estadounidenses piensan pero no dicen, un tipo
irreverente que igual puede hacer comentarios racistas como misóginos y la
gente le aplaude, es un candidato perfecto! Sin embargo al mismo tiempo, y
poniéndonos serios, se trata de un liberal disfrazado de conservador, de un
empresario disfrazado de político y de un ególatra disfrazado de populista (solo
soy yo o esa fórmula parece receta para el desastre?)
Del otro lado
tenemos a Hillary Clinton que representa al poder norteamericano en toda la
extensión de la palabra. Es la ex esposa de uno de los presidentes mejor
evaluados y recordados en Estados Unidos, es una ex precandidata presidencial y
ha ocupado la oficina más importante, a mi parecer, después de la de POTUS, la de la Secretaría de Estado.
Sin embargo se trata de una candidata gris, sin carisma, que no genera empatía
y a la que le va a costar mucho trabajo atraer al público joven como lo hizo
Obama. Clinton es una mujer trabajadora que tiene como respaldo toda la
experiencia de años en los puestos más importantes pero que a su vez, y por esa
misma razón, representa al establishment.
¿Quién ganará?
Para los pollsters ganaría Clinton
mientras que en los gamblers en Las
Vegas el escenario se repite. Cada quien decida a quien creerle, en lo personal
creo más en el segundo método. Lo interesante aquí es que en una encuesta del
2008 los estadounidenses declararon preferir a un presidente negro antes que a
una mujer presidenta. ¿Quién los entiende? No podemos más que esperar al
próximo 8 de noviembre.
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