lunes, 5 de marzo de 2007

Mujeres vs olvido


Antier me encontré en la cama padeciendo un insomnio del demonio y empecé a recordar a algunas de las mujeres con las que he tenido algo que ver (aunque no sean tantas como quisiera). Algunos creerán que estoy loco pero estoy seguro de que todos lo hacemos en algún momento ya sea por ocio o por nostalgia. Dicen que recordar es vivir aunque haya cosas o personas que siempre serán mejor olvidar definitivamente. A veces el olvido es tan difícil de alcanzar que preferimos mantenernos ocupados en otras cosas para evitar que nuestros pensamientos vayan a donde no queremos.

Desde la época de los romanos se ha buscado un elixir que provoque el olvido, el vaciado de los recuerdos y la perpetua negritud de la memoria. Había quienes afirmaban que los chinos lo descubrieron en una mezcla de opio y aguas enrrarecidas con especias y plantas que provocaban una especie de inconciencia que lograba aminorar los recuerdos. Evidentemente nada de esto fue comprobable y lo único que la humanidad ha encontrado para olvidar, momentáneamente, ya sean penas, derrotas, verguenzas o desamores, ha sido la distracción.

Mientras recorría el almanaque de mis memorias me di cuenta de que las mujeres que he conocido han sido de lo mas interesante y raro del mundo. Una diversidad tan extraña que no sé como se atreven a afirmar que tenemos patrones para escoger pareja. A menos que mi patrón sea el del desorden y de la variedad. Lo único que comparten todas es que poseyeron la habilidad de cambiarme de maneras inimaginables. Fueron cambios tan grandes que cuando lo pienso no sé como lo hice. Pero de eso se trata el amor no? de hacer cosas que no te atreverías, de volverte loco un instante y dejar de lado un poco de tu racionalidad. De ser capaz de demostrar tus sentimientos de cualquier manera y a cualquier precio.

Conozco personas que se han ido a vivir tres meses a un hotel en otra ciudad con tal de estar cerca de la persona amada, o quienes han sido capaces de hasta pagar los recibos de teléfono de su novia o incluso de pagarle un semestre de universidad. Ni qué decir de los que dejan de ser quienes son y se convierten en el ideal de su contraparte y juegan ese papel hasta que la realidad los sorprende y se dan cuenta de que dejaron su esencia en algún lugar del camino y ya ni ellos mismos se reconocen. Hay tantos tipos de amores como de colores. los hay negros, amarillos, rojos, grises y hasta azules. Los hay lujuriosos, sinceros, tiernos, aventureros, hipócritas, convenencieros, artificiales, infieles, cínicos, imposibles, tímidos, serviles. Y qué decir de los que matan, de los que reviven, de los que destruyen, de los que dividen o de los que unen?

Es por esto que creo que es importante conocer de todo hasta encontrar el color que mas combine con tu vida y con tu pensamiento. Se trata de aprender y de darle valor a todas las experiencias, es adquirir lo que los filósofos llamarían "Sabiduría". Aunque como bien dice García Márquez "la sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada", cuando ya estamos viejos o cuando simplemente el conocimiento adquirido ya no tiene aplicación en nuestra vida y la sabiduría solo nos sirve para dar consejos y no para practicarla. Tal vez por eso Aristóteles, quien era considerado un sabio, nunca habló de sabiduría sino de virtudes que elevarían el espíritu del hombre al máximo y lo ayudarían a vivir de manera más plena mas no infalible.

Cómo olvidar a los personajes que me han aguantado este tiempo y a los que les dediqué esa noche en vela y hoy estas líneas. A los que han formado el circo de mi experiencia: a la niña tierna en el trapecio, a la sadomasoquista domando a los leones, a la loquita siendo disparada de un cañón, a la ninfómana escondida tras el telón esperando a que algún hombre se descuide, la divertida como maestra de ceremonias, la bonita disfrazada de hada montando un caballo blanco que no hace nada más que darle vueltas a la pista y la mas inteligente manejando el dinero de la taquilla mientras que la interesada la vigila e intenta ser su amiga. Y yo en el centro de las tres pistas siendo testigo de un espectáculo que me divierte en el momento pero que al salir de la carpa me deja un sabor amargo, un sentimiento de insatisfacción que no cambiaría, extrañamente, por nada. Nada olvido. Aunque definitivamente al circo le hace falta un nuevo acto que lo vuelva interesante y que haga que me den ganas de volver. Ojalá pronto haya un oso o algo así.

Así que a todas aquellas mujeres capaces de trastonar la vida de un hombre como Dalila, Desdémona, Julieta, Dulcinea, Cleopatra o simplemente Fermina, toda mi gratitud y mi amor incondicional. Y, señores, la conclusión de mi trasnoche es: el olvido no existe. No nos desgastemos buscándolo. Recordar no es tan malo.

1 comentario:

Tona dijo...

Muchos dicen que no existen fórmulas para el amor, pero que existen buenas directrices para tener éxito en él. No dejarse llevar por las circunstancias, no caer en una demasía superficial, no perder la personalidad, no olvidar quiénes éramos antes de conocer a la persona amada y, tratar en medida de lo posible de tener un camino idealizado, para formar una idea de adónde se pretende llegar.

Empero, no siempre sirven. Por eso es importante recordar, para saber qué es lo que tuvimos, lo que hicimos bien, lo que perdimos, lo que es posible mejorar.

La vida no es perfecta, es si acaso, perfectible.

Porque habrá muchas veces en que, para saber a dónde vamos, tengamos que recordar de dónde venimos. Como este artículo de manera EXCELENTE lo demuestra.