
Entre el 6 y 7 de marzo se jugaron los octavos de final de la Champions League. Para los que no la conozcan se trata del torneo de clubes más importante de europa y del mundo. En donde juegan los mejores equipos de ese continente mostrando su mejor football. La Champions League está al nivel de un mundial o de una Eurocopa. Muy por encima del triste football que se practica en nuestro continente (con sus muy contadas excepciones argentinas y brasileñas).
Estaba viendo el juego entre el Bayern Munich y el Real Madrid y al ver la Alliance Arena a reventar y la cantidad de gente, de patrocinadores, de reporteros me puse a pensar en todo lo que implica económicamente que un equipo esté en un torneo de este nivel.
La idea original de los equipos de soccer era la de dotar a una comunidad de un equipo con el que se sintiera identificada y que la representara de una manera digna y a la vez divertida. Un equipo era un fruto de la comunidad, nacido de ella y al servicio de ella. El football era un deporte que unía a las sociedades y que les permitía distinguirse de las otras debido a la calidad de su juego y de sus jugadores. Era una forma de hacer pública su identidad.
Hoy las cosas han cambiado de una manera tan radical que los equipos ya no le responden a una afición sino a los intereses económicos o financieros de los propietarios o administradores. Ya no se trata de instituciones reflejo de cierta comunidad sino de instituciones portadoras de intereses económicos que rebasan la imaginación de cualquier persona que ame este deporte solo por lo que es: un juego apasionante. Hoy los aficionados no son vistos como la base de un equipo sino como clientes cautivos de una sociedad anónima que nos les tiene el menor respeto.
Qué piensan los presidentes de los equipos que participan en torneos tan importantes y que los hacen acreedores a cantidades multimilloarias por patrocinios, derechos de televisión y mercadotecnia? Me queda claro que no piensan en ayudar a algún país africano sumido en la miseria o en la enfermedad, mucho menos a proyectos humanitarios en otro continente. Es evidente que la avaricia y la ambición han secuestrado al balonpié mundial.
La insensibilidad de los directivos de clubes ha llegado a niveles extraordinarios en todo el mundo. Para darse una idea basta mencionar el caso del Manchester United que fue comprado en su 74.8% por Malcolm Glazer y quien cuando llegue a tener el 75% de las acciones del club inglés será capaz de retirarlo de la Bolsa de Londres y adueñarse de todo. La cantidad que Glazer ha invertido para hacerse con la mayoría de las acciones del club supera los mil millones de dólares (cantidad cercana a la deuda externa de un país chico como Haití). O qué decir del caso del famoso "Ruso loco" Abramovic que adquirió al Chelsea por la ínfima cantidad de 116 y medio millones de dólares e invirtió otros 195 millones en jugadores ? (con el dinero que Abramovic gasta en personal para el Chelsea el gobierno del Distrito Federal mantiene el Programa de Fomento y Desarrollo de la Educación y el Deporte un año entero).
Pero si esto suena ilógico y carente de sentido qué tal si nos asomamos a nuestro propio football? Nuestro año futbolístico está divido en dos torneos: uno de apertura y otro de clausura. Durante cada uno se estima que se generan ganancias de alrededor de 500 millones de dólares. Solo para las televisoras!! imaginemos ahora lo que significa para los patrocinadores, los clubes y para la Federación Mexicana. El solo hecho de poderle pagar a jugadores como José Saturnino Cardozo (cuando era jugador) 240 mil dólares mensuales nos da una idea del nivel económico que se maneja y de la mina de oro que ha resultado ser la liga mexicana. Ni qué decir de los sueldos de otros jugadores como Oswaldo Sánchez, Cuauhtémoc Blanco o Jared Borghetti.
Cómo nos explicamos que un jugador de football gane muchas veces más que el presidente de un país con el 60% de su población viviendo en situaciones de pobreza extrema? Es evidente que los grandes capitales empresariales han tomado al football mexicano como rehén y lo han hecho carecer de sentido para convertirlo en casi un insulto para la gran mayoría de los mexicanos que carecen de agua, luz, servicios de salud o educación. No cabe duda de que hasta en los deportes, nuestra sociedad sigue siendo la dueña y señora de los contrastes.
Una cosa es que los equipos se refuercen y contraten jugadores caros y otra muy diferente es que despilfarren el dinero de una manera grosera frente al mundo que se muere de hambre. El error de que un jugador caro es un jugador bueno es un silogismo que tenemos que empezar a eliminar de nuestras mentes confundidas. El dinero ayuda pero no da garantías (El Real Madrid en europa o el América en nuestro continente lo han demostrado), por eso sugiero que le comencemos a apostar más al talento que a las cifras, al amor al football en lugar de a los dólares. Después de todo estamos hablando de un juego. o no?
Estaba viendo el juego entre el Bayern Munich y el Real Madrid y al ver la Alliance Arena a reventar y la cantidad de gente, de patrocinadores, de reporteros me puse a pensar en todo lo que implica económicamente que un equipo esté en un torneo de este nivel.
La idea original de los equipos de soccer era la de dotar a una comunidad de un equipo con el que se sintiera identificada y que la representara de una manera digna y a la vez divertida. Un equipo era un fruto de la comunidad, nacido de ella y al servicio de ella. El football era un deporte que unía a las sociedades y que les permitía distinguirse de las otras debido a la calidad de su juego y de sus jugadores. Era una forma de hacer pública su identidad.
Hoy las cosas han cambiado de una manera tan radical que los equipos ya no le responden a una afición sino a los intereses económicos o financieros de los propietarios o administradores. Ya no se trata de instituciones reflejo de cierta comunidad sino de instituciones portadoras de intereses económicos que rebasan la imaginación de cualquier persona que ame este deporte solo por lo que es: un juego apasionante. Hoy los aficionados no son vistos como la base de un equipo sino como clientes cautivos de una sociedad anónima que nos les tiene el menor respeto.
Qué piensan los presidentes de los equipos que participan en torneos tan importantes y que los hacen acreedores a cantidades multimilloarias por patrocinios, derechos de televisión y mercadotecnia? Me queda claro que no piensan en ayudar a algún país africano sumido en la miseria o en la enfermedad, mucho menos a proyectos humanitarios en otro continente. Es evidente que la avaricia y la ambición han secuestrado al balonpié mundial.
La insensibilidad de los directivos de clubes ha llegado a niveles extraordinarios en todo el mundo. Para darse una idea basta mencionar el caso del Manchester United que fue comprado en su 74.8% por Malcolm Glazer y quien cuando llegue a tener el 75% de las acciones del club inglés será capaz de retirarlo de la Bolsa de Londres y adueñarse de todo. La cantidad que Glazer ha invertido para hacerse con la mayoría de las acciones del club supera los mil millones de dólares (cantidad cercana a la deuda externa de un país chico como Haití). O qué decir del caso del famoso "Ruso loco" Abramovic que adquirió al Chelsea por la ínfima cantidad de 116 y medio millones de dólares e invirtió otros 195 millones en jugadores ? (con el dinero que Abramovic gasta en personal para el Chelsea el gobierno del Distrito Federal mantiene el Programa de Fomento y Desarrollo de la Educación y el Deporte un año entero).
Pero si esto suena ilógico y carente de sentido qué tal si nos asomamos a nuestro propio football? Nuestro año futbolístico está divido en dos torneos: uno de apertura y otro de clausura. Durante cada uno se estima que se generan ganancias de alrededor de 500 millones de dólares. Solo para las televisoras!! imaginemos ahora lo que significa para los patrocinadores, los clubes y para la Federación Mexicana. El solo hecho de poderle pagar a jugadores como José Saturnino Cardozo (cuando era jugador) 240 mil dólares mensuales nos da una idea del nivel económico que se maneja y de la mina de oro que ha resultado ser la liga mexicana. Ni qué decir de los sueldos de otros jugadores como Oswaldo Sánchez, Cuauhtémoc Blanco o Jared Borghetti.
Cómo nos explicamos que un jugador de football gane muchas veces más que el presidente de un país con el 60% de su población viviendo en situaciones de pobreza extrema? Es evidente que los grandes capitales empresariales han tomado al football mexicano como rehén y lo han hecho carecer de sentido para convertirlo en casi un insulto para la gran mayoría de los mexicanos que carecen de agua, luz, servicios de salud o educación. No cabe duda de que hasta en los deportes, nuestra sociedad sigue siendo la dueña y señora de los contrastes.
Una cosa es que los equipos se refuercen y contraten jugadores caros y otra muy diferente es que despilfarren el dinero de una manera grosera frente al mundo que se muere de hambre. El error de que un jugador caro es un jugador bueno es un silogismo que tenemos que empezar a eliminar de nuestras mentes confundidas. El dinero ayuda pero no da garantías (El Real Madrid en europa o el América en nuestro continente lo han demostrado), por eso sugiero que le comencemos a apostar más al talento que a las cifras, al amor al football en lugar de a los dólares. Después de todo estamos hablando de un juego. o no?
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